Arrancar la cabeza del otro para colocar la propia es una práctica milenaria y consuetudinaria de una especie repleta de propósitos terroríficos. Cada palabra es como un ácido que sueltan unas mandíbulas gigantes, forman huecos, cavidades e implantan sus huevecillos, es una práctica ancestral, nada de ficticias metafóricas alegorías. El sueño del otro expandiéndose en los rincones del ser, de la materia, implantando su supervivencia, asegurando su arraigo como entidad. Entre coincidencias diminutas y aparatos realmente armados, de la suerte y el azar actuando. Atracciones y repulsiones asegurando sus pasaportes instantáneos. Atravesar una cuadra o subir un edificio con sus escenas interconectadas o aparentemente independientes, un laboratorio y laberinto fascinante y aterrador. Y todo parece tan sencillo, tan ordinario.
Para mí una de las calles que mejor expresan el terror afluente de la civilización, eso que es entre una vena irrigando su crecimiento de luces y apariencias, es insurgentes. Tan viva como que propaga la muerte. Tan estimulante y agresiva en su disimulo, ahí se puede oír el paso constante de las mandíbulas, del insectario derruyendo el porvenir.
Como si cada cubículo de los colmenarios ejecutivos operaran en el silencio anodino de no provocar nada, no hacer nada, pasar imperceptibles…
Aquel que cree que puede ofrecer una resistencia desde la mimesis de esos sistemas, conjuntos nucleicos de poder, imitando sus actitudes comportamientos y despliegues, la lleva de perder, incluso lleva la de ser devorado y asimilado por la corporación sin rostro, repleta de mandatos, órdenes y represiones instituidas e instaladas para llevarse a cabo en la eficiencia. Aquel que crea que sobrevivirá en una competencia de idiotas y se incluya en ella, sirve de alimento y fertilizante de lo que se supone combate.
Inmiscuirse secretamente, discretamente, invadiendo normativamente cada rastro de vida como si le perteneciera. Haciendo de cada átomo otro miembro represivo normalizado. Perfecto. Eficiente. Calculado. Discreto. Disciplinado. Pronunciándose desde la naturalización que llamará siempre YO estoy bien. Una denuncia velada de toda su atrofia, de su terrorcito secreto, pesadillezco, no soy nada. No soporto no ser nada.
Porque esa es la única promesa que se cumple, seremos nada. Que insoportable.
Hormigueante.
En esa disolución del rostro y las máscaras borrosas en las que diluyen su responsabilidad como corporativos en las que "nadie hace nada", esos individuos funcionando desde YO estoy bien tú no y ni me importa sino prevalecer porque otra vez cada vez insistiendo con mayor ahínco YO estoy bien porque además me respalda todo este corpus endemoniado sin rostro que me avala como verdadero y autoridad, YO estoy bien y los otros sean los que sean investigables, transgredibles, desde mi poder hará que mi voluntad sea la que prevalezca. Por patética magnitud que sea. Yo con nombre, identidad y sentido, YO lo repito continuamente hasta la perturbación de quien no esté conmigo, soy YO el que está bien. En fin, basuras, el deshecho diario.
Y eso es lo que hay que elogiar, de locos. Lo que quisieran secretamente, en esa normalización del otro, es que no se escape, a la muerte que le puedo dar en mi poder. Izquierda derecha, importa poco, causa esa es la justificación segura, atroz, una serie de causas que me justifique para ser. Y el otro que se cague. de miedo.
Cáguense ustedes. Esa es mi respuesta.
no crean que no me descubro al descubrirlos. ¿qué soy? ¿otra de sus cuantificables cifras, otro de sus objetos de estudio, otra de sus cosas que pueden destruir si no contribuye, si no se alinea, si no es correcto y ordenable, otro de sus individuos que conforman un espectro detectable e identificable, dominado, dócil, a fin de cuentas una pieza de su rompecabezas extraviado? ¿un número de sus cárceles?
y lo único que se puede escuchar en el crepitar de esos huevecillos pegajosos, porque tienen los medios para sembrarlos por doquier, crepitan al crecer y esa crepitación repite en su interior como una oración en fuga, yo estoy bien tú no, yo estoy bien tú no, yo estoy bien tú no, yo estoy bien tú no. al infinito.
Los huevecillos de la consciencia.
¿Si escuchan cómo devoran sus cráneos? Se oyen como cascanueces…
Hoy me dormí una hora por la tarde, fruto de ese sueño fue este relato, me dormí en una posición que nunca ocupo, la posición embrionaria, como una nuez de la india, fue perturbador.
No vinculo el arte a la necesidad. Necesario desde la esfera biológica es la ingestión de alimentos. A lo social vestir. Vinculada al pensar diría que es necesaria la filosofía como una actitud frente a lo que no dejamos de hacer día o noche, pensamos, y el trasfondo es una filosofía. El arte como tal no es necesario. Levantarme por las mañanas es o sería un acto voluntario. No tengo el deseo de levantarme por las mañanas, no me visto en el deseo de asociarme con los otros en la vida, con su debida ingesta necesaria. La última y primera necesidad sería colmar la sed. Nadie sobrevive sin agua. El arte ahí ocupa un lugar sin empuje u obligación. Estoy obligado a defecar diariamente. No al arte. El arte se aleja cada vez más a una noción espiritual en cuanto que no es un objeto o idea que me vaya a completar jamás. Esa es la visión burguesa del arte, de que es una consecuencia lógica por abstracta que sea que me llenará, que asegurará mi preeminencia sobre la existencia, que me ayuda como me ayuda un fármaco. Bailar no es un acto mecánico de ingeniería motriz y calculada coordinación, de destreza a fuerza de repeticiones, de habilidades resueltas a cada palmo anticipadas, de virtudes por unas dotes o mancillados talentos. No, me rehuso a vivir un arte necesario. El arte dilata cualquier sentido que se desee aprehender. Se libera de la necesidad en una autonomía sin los límites de cualquier acción justa, atribuible, afirmativa, óptima, medible. No está encadenado a una suma o multiplicacion de factores propios, reproducibles, aquietables. Es la otra vida, la vida interior. Lejos del régimen que sus apóstatas definen y defienden como si fuese una nueva religión prometedora, una nueva escalera al cielo. El poder siempre lo ha utilizado, porque el poder tiene esa capacidad de estirar las manos y utilizar lo que desee, lo que sea necesario para sus propósitos. En cambio el arte no necesita del poder para ser, porque no le interesa lo poco que el poder puede ofrecer. Eso no lo enseña nadie en ninguna escuela bajo ningún régimen político posible, no está en los manuales del arte.
La mayoría de los artistas llegaron empequeñecidos al siglo por el siglo xx, su padre los sacó por la puerta trasera. Los mayores haciendo monumentos disque revolucionarios y los menores a gestionar un yo con nombre por todos lados... Una tediosísima y triste esmirriada caravana de burócratas.
El fenómeno del nombre es interesante, porque la vida con el tiempo da muchas vueltas. Pareciera que se regresa otra vez de una regurgitación última, siempre se piensa que será la última, en la que el arte, los artistas como autores son una marca, como lo es una marca de ropa o de automóviles, la mercantilización que mina todo, pareciera haber provocado esta noción otra vez devuelta. Un artista de determinada galería al lado de otros artistas, es como una línea de producción de un modelo de auto. Se le encarga su modelo, con sus variaciones de línea. Y como si fueran planas alfabéticas del kindergarden. El artista se pone a repetir, digamos, la letra A, la H, etc... A veces forma palabras y hasta enunciados como : mi mamá no me ama.
Los mayores que gestionan piezas cuyo movimiento sería revolucionario y no lo es, porque, digamos, su existencia es prescindible, la importancia que le otorgan las instituciones es impostada, nada cambiaría, en realidad sólo justifican el prestigio y reputación que las instituciones se encargan de cuidar sobre sí mismas. Es decir, estos artistas hacen gelatinas de molde macromonumentales, muy bellas por cierto, colocan su molde con su firma y su discursillo redentor, es algo similar al pequeño gestor del nombre, solo que varía por la supuesta postura objetiva y neutral que le da mayor poder y representación frente a los públicos y mercados que respaldan, al aparato en su conjunto.
Lo altares vienen después, sobre todo en los artistas postmortem, también se da el caso de premeditadamente haber asesinado a tal o cual artista sin que esté necesariamente muerto de por sí. Se coloca la montaña de fe dedicada al artista para englobarlo y así rinda en remuneradas carretadas de dinero el servicio prestado. En una relación de tú a tú entre el artista sus mediadores los públicos y lo que finalmente es lo único que les interesa al endiosar a alguien que es, que produzca un valor, lo más sobrenatural posible. Que la árida y seca montaña de dinero sirva para redituar el gasto energético que representa entre las hordas de fanáticos y los dueños de las piezas. Por eso es necesario profanar al arte, como lo han hecho otros, para que no lo ingresen en sus cárceles. Quien no lo ve, será necesario y una pieza más arrojada en la montaña hedionda que se dedican a realizar.
Es rarísimo, muchos artistas solicitan ser inmolados antes de morir en realidad. Muchos desean estar muertos en vida para poder gozar de la promesa del arte, dicen, viviré del arte. No saben ni lo que dicen.
El eros, el deseo, esa pequeña fisura con la que se derrumban sus arquitecturas posibles, ahí no pueden ni podrán.
Ese arte que proponen necesario es la muerte del arte. No se los recomiendo a los creadores, pura y vil materia seca que se resignan en llamar espíritu. No me crean, hagan la prueba. crean que los salvará o los resolverá, verán.
Incluso hagan la prueba para que vean que no lo pueden subordinar, fallará ahí donde lo intenten someter y hacer que les sirva. Se soltará de inmediato, inténtenlo.
No es fácil ver que lo que tratan es matarlo con todos sus fines.
Hacerlo necesario es someterlo. Y huirá, sin límites, huirá a sus fines.
Es decir, lo que vienen haciendo no es más que cadáveres. Pregúntenle a D.H.
La fábrica del supuesto espíritu, es la fábrica de cadáveres de la segunda guerra mundial. Es la fábrica de cadáveres actual en este territorio y nadie lo ve. El odio coronándose por todos lados. La realidad aparente. La diferencia y división entre esto y eso, la dualidad y sus mentiras... expresándose. No es difícil de ver.
Eso hicieron volviendo al arte necesario, acotable, parte de sus presupuestos contables, de sus bienes, de sus instituciones educativas restringidas, nominalistas, certificadas. Se les ordenó y lo creyeron.
Y los artífices siguen ahí, apenas se logra resquebrajar este mamotreto inmundo. y ya empiezan a gritar de que se les hunde el barco.
Ahí donde lo domesticaron, ahí lo asesinaron. ¿Y qué queda, qué es lo asombroso al visitar un museo? Los restos, los huesos, los cadáveres. Y ahí en el desorden de los afectos uno va por los museos, tropezándose con los cadáveres múltiples que nos propone ese arte necesario. Se va con el bastón picoteando esos cadáveres, con la punta del pie comprobando a pataditas que no se mueve ese arte muerto.
Anoche soñé con la selva sexual. Luna, esteros, lagunas, sombras en la noche, siluetas, mujeres que conformaban dragones que serpenteaban con luces palpitantes. Eran vértebras hechas de diamantes, d i a m a n t e s, fulgurantes, centelleantes. Cada mujer una vértebra que reía como gotas de agua que salpicaban. Era un correteo entre el agua.
... de repente, ella me abrazaba, de inmediato, se convertía en ramas con forma de mujer, se transformaba en otra, se deshacía como hojas secas en una carcajada macabra. y las dos transformaciones tienen un rostro, la primera de una amiga que ríe y la segunda de la mujer que primero se llevó mis alientos...
un sonido gutural en esa risa y el abandono en esos brazos. mil veces que cualquier fuerza que pudiese tener, me esfume en un sollozo como de perro... huí, en medio de la noche. noche de fiebre y trance.
...y tus tías bigotonas, (porque a esa hora no se han rasurado), fuman sus cigarrillos, leen el diario, o sea leen esto, y escupen el café…
Al morir dios, la burguesía heredó el significado de las cosas en el plano universal, ellos detentan la verdad, y saben lo que es el saber, los conceptos pertinentes, las experiencias viables, limitan las conductas y señalan las causas. En el plano particular el significante aún juega, sin reglas sin estatutos, en cada ser, indistinto, maniatado amordazado o libre en el subterfugio o el descaro, particular, revelándose. La idealización burguesa propugnó los valores de igualdad, fraternidad, empatía, libertad, legalidad, responsabilidad, respeto, solidaridad, honestidad, justicia… Que nunca se dan en el plano de lo real… sino como promesa… La burguesía normalizó lo que es el bien y lo que es el mal, tomó la batuta, al morir la autoridad de dios todopoderoso, impuso lo pronunciable, del innovador pecado pagano o la condena moral social. Puso en tela de su juicio lo que es mejor de lo que es peor, lo que es alta cultura de lo que es baja cultura, creó las divisiones pertinentes de su conveniencia, y ahora perpetra con estratagemas publicitarios de defensa de esos valores, otra vez, en la supuesta inclusión, nunca en el plano de involucrarse, ni de compenetrarse en los problemas, está demasiada ocupada por pagar la renta, los impuestos, todos los subyugantes desgastes que el aparato del poder le impone en una red enredada. Esa herencia que recibió en la modernidad, le sirve como respaldo para ejercer sus juicios de valor, para decir que vale y qué no. Musicalmente, literariamente, pictóricamente; etc, cuales son la reglas del juego… Qué es rebelde y qué es conservador desde su posición, sin salirse de los juicios que pueda ordenar dentro de sus lógicas, porque además, a cada situación acomodará las condiciones del devenir, colocará de lo que se puede servir junto a sí, y alejará lo que se le rebele. Se trata de posicionar su hegemonía sobre todo objeto, de ordenar la realidad a su debido antojo o con el placer esclavizante de una pedagogía persuasiva, basado más que nunca en la sobrevivencia, en la amenaza de la sobrevivencia. Posee sus policías de lo correcto y lo incorrecto, con las nuevas pústulas de los nuevos problemas que vayan surgiendo. Va a dirigir, pues de eso se trata su deber, de dirigir, lo que nombra como el bien por sobre lo que nombra como el mal. Va a dar, otorgar, ceder, aquietar en el plano de los derechos que pugnan por su fachada civilizadora para poder mantener su discurso, sus enmiendas sus errores, sus metas inalcanzables por siempre, pero nunca faltas ni fallidas, es la paradoja del que no deja de ser ni en el desquiciamiento… El plano aparente es que no ha habido caída de ningún dios, porque está presente en el nombre de la verdad, en el nombre de sus instituciones, de la ciencia, del deber, aún existe la autoridad racional, aún reina entre la herrumbre, aún reina entre los escombros, y los alaridos suplicantes, las manos que se alzan implorando: mátenlo. Mátenlo.
Los muertos se mueven dentro de los vivos.
Yo no hablo jamás de capitalismo. Ayer vi unas fotografías del concierto en tal foro en el que no cabía una aguja. Y me dije, yo no hablo de capitalismo, hablo de personas que actúan y hacen y sobreproducen y sobreconsumen y ejercen la explotación voluntaria, y coronan y alzan las coronas. Y vi la fotografía de esa reunión hipnótica y me dije, el capital expresándose como un mantra de reunión y celebración del capital. Añejo nuevo, da igual, el capitalismo es consensuado, a nadie se le obliga a participar, y nadie puede dejar de participar. Es como una fuerza que arrastra, un cauce, una catástrofe en la que podría quedarme impávido ante tanto deseo, el capitalismo abusó del deseo de los otros. Es capaz de corromper lo que sea, es capaz de hacer puré lo que sea. Los bitles, el che guevara, el futbol del ciudadano de a pie, la religión del que llega a creer, lo que sea, me faltan ejemplos ahora, que seguro sobran en la realidad. Es una coladera fascinante e inmunda. cuando veo ese tipo de fotografías, me recuerdo de la frase: un hormiguero no tiene tanto animal. jsjsjsja. Todo empezó, no les miento, porque vi la fotografía primero como una mancha roja de personas, una marea roja de personas y me dije: enardecido comunismo. Y de inmediato me reí, porque me respondí: ah no, capitalismo, absurdo y febril.
¿No les parece una conmoción que las celebraciones pasionales de la civilización se den en un orden trazado a escuadra como de regimiento? A mí me dan escalofríos... que cada quien tome su asiento para gritar su hueco profundo y carnal.
Porque cada cual como sea que sea le hizo un hueco al universo, sea quien sea se extrajo para acá.
¿en orden? me hacen bostezar.
diría yo, siendo las personas finitas infinitas como son, es un lujo que la figura humana se permita en conjunto realizar esas figuras geométricas rígidas, son realmente extraños.
Ofreceré un límite contra el abuso de autoridad que se da el espíritu crítico, por demás, en crisis. No para que avance, no se engañe, para que de una vez por todas, se encuentre en su atasco. Faltará sin duda, otra arena más voraz más movediza que lo engulla por fin en su treta inacabable. Es el llamado a apagar las luces superfluas y voltear a ver las estrellas del firmamento insondable. Aquel que detenta su palabra, que su palabra se lo trague. La cuestión indubitable, la cuestión que arroja, la cuestión que sacude, no la cuestión que es temor para los oídos sordos, no la cuestión para los que como epígonos buscan, en la sed, para sujetar sus constantes yugos. He aquí, ahora, en este lugar sin nombre, que les digo, abdiquen, renuncien, perezcan con dignidad, antes que los devasten sus escrupulosos deseos.
Esta ciudad con sus tipografías variadas y juguetonas. Conocerás un rumbo por su ortografía, que en realidad es su ortopedia, sus modos y ajustes, sus tranzas para saltar las reglas o no tener una conformada, acabada, sutilezas las de la forma. El cristo de este diezmario, que era una alcancía para el diezmo me atrajo por lo mugroso que estaba el papel y el cristo cuántas manos fieles lo han sobado hasta la mugre, la iglesia lejos de los inciensos pasados olía a sucio, cuánto descuido en los altos techos de los templos del monoteísmo. Cuántos mendigos por todos lados indiscretos locos de la ciudad, que variados sus tonos desfasados para rogar una lastímera moneda. Ese zapato de Dorothy perdido en una zapatería. Todo nuestro desorden de risas. La religión es un delirio sistematizado. Todos en este hospital de la demencia deseando la cama del enfermo de a lado. Esos ojos de dios que miran celosos mi carne, y mi sombra. Esas dos fotografías que hice de las bancas de la iglesia, arañadas por la desesperación de la fe o el tedio. Qué candelabros, cuánta luz debió haber proyectado y de qué fastuoso régimen, cuántos cirios cuánta lumbre cuánta luz debió necesitar un lugar tan inhóspito y oscuro, debió haber sido endemoniadamente hermoso. Ah, la tarde a secas. Lo he dicho, quiero ser un hereje ejemplar, somos tantos en el planeta que no habrá libros para tanto anónimo inquieto, saltarín.
Cuánta iglesia y cuánta miseria.
La proporción humana en el templo es diminuta. En el museo con sus juegos paganos las proporciones múltiples del otro qué hacer, el hacer singular o diverso, expresión sin par. El alma devino cerebro y funciones, causas y efectos. Diversas y singulares en cada situación, a cada instante la palabra que asienta el pasado. Hoy el 90% de los milagros bíblicos la ciencia los explica. Aquella causa que se escapaba a la comprensión, como el rayo que fulminaba pastores en las tormentas, casi como castigo divino o la enfermedades que arrasaban pueblos enteros, toda esa mítica se ha ido descifrando. El temor injustificado se ha discernido. En el fondo no hay fondo. La. palabra sagrado, proviene de sacrificio, el negocio e intercambio divino, ha menguado y aún así hay quien necesita aplacar sus furores o angustias en el remanso de la plegaria, de la promesa, ante el futuro implacable, el tiempo que no se detiene y el devenir que todo se lleva y todo trae, que hace cambiar.
Es una buena película de entretenimiento, nada más. Los intentos de una pretensión distinta son notables. Pertenece a una escuela que disgustó a los fanáticos de la historieta porque carece de acción veloz intrépida, explosiones crueldad constante y efectos especiales. Tomas de cuadro fijo sin grandes secuencias, retrato, gestos, teatralidad, gama cromática hacia la herrumbre y lo sucio, una escuela de cine que disgusta a algunos cineastas, que se recargan en la separación del cine y el teatro. Mera psicología abrupta para las masas, una tipificación sobrecargada de un personaje ficticio para realizar un acento siniestro, una muestra enfática sobre lo que el estado represivo de la normalidad tiende a llamar lo anómalo. Esas ultra sobre dimensionadas y generalizables consabidas fórmulas de que el abusado maltratado se venga del rechazo en un rencor infinito, es por demás un argumento narrativo excesivo y fácil sobre las patologías, y esa taxonomía de los casos psiquiátricos empobrecida del síntoma. No toda la locura es igual, ni carece de detalles distintos y filigrana extensiva mucho más rica. Al final la realidad siempre es mucho más rica que una acotación para deformar un personaje a dos horas de actos pasando a través de una pantalla. Lo curioso es que sea una época que ofrece la justificación de un asesino, que expresa los deseos de todos los espectadores, que son matar a los ricos y hacer justicia por su propia mano, se ofrece un personaje redentor desde el mal y el desquiciamiento, un justiciero al que se le cometieron injusticias y humillaciones mil, hacen de un villano un héroe popular. Me parece maravilloso que la cultura empiece a jugar a deformar sus prejuicios. Que igual son prejuicios. Aureliano decía que el pan y el circo lejos de encender los furores y pasiones del pueblo, al contrario, efectuaban de medicamento para apagarlos y que las personas no se decapitaran en las calles por el menor motivo. Aristóteles alentaba el teatro y la poesía para que ahí se vivieran las tragedias y se ocuparan de predecir lo fatídico de las consecuencias de los actos, se llevaban al teatro las historias para que no se reprodujeran en la realidad, para satisfacer el morbo del vulgo y saciar su sed de sangre, para orientarlo y darle material sobre la vida moral, sobre sus palabras y sus actos.
¿Qué es lo que ofrece en el campo de lo moral como hipotético "estudio"? El límite tenue entre un loco y un criminal, que se supone sería en este caso, la carente culpabilidad al cometer un asesinato, al contrario un alivio como compensación. una descarga por el odio acumulado, que finalmente sería una válvula de escape al clima capitalista, individualista, marginal, alienante. Al abandono del padre, a la madre impotente y delirante, a la reclusión, privación, aislamiento... es una película hiper recargada, viene de una historieta, es una caricatura, un embudo icónico.
Creo que lo que le molesta a los cinematógrafos es que es una película con pocos recursos cinematográficos, es un actor (con excesivas virtudes dramatúrgicas) y el dinero puesto en la publicidad y las expectativas. Están incluso aprendiendo a generar más dinero con mucho menos. Es la industria sofisticando sus usos y la optimización de capital, rendimiento, el internet va a generar cambios no sólo en una estricta y recta dirección de las prácticas.
Dejaremos a Hegel y a Marx morir al fin, volveremos a los Sofistas, dice, N.P.
Me fugué de la cárcel en un reloj que dibujé en la muralla.
NO VEO PARA QUÉ TANTA ALHARACA si ya sabemos que el mundo se acabó.
EL ERROR CONSISTIÓ en creer que la tierra era nuestra.
EL VERDADERO PROBLEMA DE LA FILOSOFÍA es ver quién lava los platos.
artefactos de N.P.
¿Qué es lo que más te gusta sobre la faz de la tierra? Lo que más me gusta es lo que menos me gusta, las mujeres.
Cuando alguien me ha dicho tiranito. Le he contestado, pues chingatumadrecita.
Les ha pasado, les gusta tal artista pero al mismo tiempo no les gusta, y sólo pueden agradecer no ser él o ella, y no estar atrapado en su pellejo, porque lo saben, uno se tarda cinco segundos o dos minutos o veinte minutos en ver una pieza, pero luego se va a su apacible y buena para nada de vida y se agradece no estar atrapado en la carne y el cerebro de tal o cual artista.
son hermosas y horrorosas a la vez. exóticas y venenosas como arañas, atractivas por repulsivas. los hombres por lo general sólo son brutales. El inconsciente lo demuestra a cada momento. para decirlo en estos términos, los hombres carecen de tanta capacidad. jajjanananajajjaja. El hombre quiere cansarse y volver a los tres días a su hueco, adormecerce agotado. La mujer disfruta el viaje, el trayecto, mi madre me decía, ve por la ventana la carretera, yo lo único que quería era llegar a algún lado, para inmediatamente irme a otro lado.
el otro día pensaba en voz alta que todos aquí estuvieron albergados por otro ser excepto los ovíparos, que cuidan los huevos propios y hasta los del depredador. todos todos estuvimos envueltos en otro ser, qué dimensión tan más loca. Crecimos dentro de una madre, flotamos dentro de ella, hasta ser expulsados por uno de sus agujeros. Salimos a la madre tierra, a devorarnos los unos a los otros, consumarnos en el sol, cálido y etéreo, a devorar la madre. Para volver a la madre. Venimos de la noche para irnos a la noche.
Venimos por un agujero, respiramos por unas fosas, y saldremos por una fosa o agujero o boca de horno o lo que sea, teletransportados a la nada. fuuuuuuum plack despegan. Hasta nunca.
Creo que somos lo contrario, él es óptimo, una esfera llegando a su perfección, aprovecharlo todo, usar la luz, hacer que se muevan las cosas por su cíclico impulso, es escueto, raquítico como el hueso, esquemático y estructurado, esencial y necesario.
Soy por predilección pésimo para ahorrar nada, soy el derroche de energía, busco no necesitar de ninguna luz ni depender de ninguna materia, que se mueva o no el mundo no depende de mí, ni quiero que así sea, viajo de mosca en los transportes fortuitos, soy excesivo, fastuoso, rico en la nada, completamente prescindible. Aborrezco su optimismo.
Notas sobre un documental que vi de olafur eliasson.
se me olvidaba. odio el espacio, puedo estar donde sea. donde sea es todos lados.
En ningún espacio puedo estar mejor que en este espacio que estoy. ¿Qué basura es esa? Mi cuarto deja entrar más luz que la tate. Y aún peor, la absorbe. Nunca expondré en la tate, y no porque la tate no quiera que yo exponga en su espacio, sino porque yo no quiero exponer en la tate... jsjjsjsjs.
El otro día vi un programa de televisión estatal, bueno lo intenté, con el formato del siglo pasado y me aburrí pronto. Había ahí unos fulanos hablando sobre lo que es la cultura, y me mataron de tedio. Si ellos son la cultura entonces yo estoy muerto, ellos me mataron. jsjsjjsjs.
Podría asegurar la tesis de que por el modo de pensar y sus acciones, las personas con las que colabora y a las instituciones a las que sirve y favorece, ese fulano comete mayores injusticias ideológicas que cualquiera que vamos a pie por la vida. De todos modos, lo he dicho antes, si no es él, cualquier otro quisiera tomar su lugar, hay una fila inmensa deseando convertirse en ícono del poder y los medios, de la historia. Hay mucha gente ansiosa que nadie quiere.
Es el tipo de artista que cree y nos quiere hacer creer que su arte nos beneficia. En realidad su arte sólo lo beneficia a él y a la macro economía del arte, a los ricos, los bancos, el capital, los gobiernos... Para pronto, yo no necesito toda su bondad. hasta podría asegurar que a la guerra.
Para seguir hablando en los términos que les gusta hablar, que son los del álgebra. A mí, me da por completo igual que exista un o.e. completamente lo mismo. Pero si tuviese que ponerlo en una balanza, preferiría que vivieran los migrantes que van hacia el norte que los tres o cuatro o.e. que existen validando la realidad como la conocemos.
La gente que se cree buena, digamos, la que cree que es un estado permanente de las personas, o que es un estado que no caduca de situación en situación o que todas sus acciones son buenas por venir de ellos, si se fijan, si lo observan, siempre hablan desde un NOSOTROS somos los buenos, los otros, a los que designamos no. es el acto por excelencia de la exclusión. nosotros los buenos. alguien debe quedar afuera, ese es el bien que promulgan. ese es el bien con el que organizan sus ejércitos.
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