La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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sobre unas tablillas de madera talló una escritura de ideogramas en las que había una canción remota. confeccionó unas sandalias con ellas, las ató a sus pies, las huellas sobre la tierra dejaban el rastro de lo que había escrito, esa melodía. una noche encendió un fuego, danzó a la luz de los astros, una danza violenta, con gritos y movimientos bruscos. cuando se alzaban las llamas y sus brazos, hacia el hondo negro del cielo, creía ver lo invisible, sudaba a mares. cayó de pronto, bruscamente, de súbito tenía el rostro mojado de lágrimas. quemó las sandalias. al amanecer, regresó sobre sus pasos, sobre la huellas movidas en la tierra por el viento. 

Una amiga pasaba por mí en una carroza funeraria negra impelida por caballos negros. Subí y en ese momento yo no sabría que me encontraba muerto. Adentro, tapizado en seda rojo escarlata, ella me decía que iríamos a ver una orden de magos, brujos y hechiceros. Me recibían, la maestra en una sala, dijo que me pasarían por las salas de los placeres. Pasaba de cama en cama, blanca con plumajes, siendo tocado, lamido, penetrado por mujeres y penetrando mujeres. Sensaciones recorrían cada minúsculo tramo de piel. Me erizaba y contorsionaba. A su vez, era demasiado extraño, me había salido una vulva, era un hermafrodita, las sensaciones eran intensas e inauditas. Lamían mis genitales y mis orejas, me metían los dedos en la vulva. Me besaban, agonizaba de placer. De pronto paró. Me llevaron por una escalinata en caracol ascendente, de cuartos hexagonales transparentes, con luces fluorescentes, dentro de cada cuarto había un niño diferente arrodillado con la espalda echada para atrás, con los ojos abiertos sobre la nada en trance. La maestra me decía que era el ala de los niños obsesivos. Me alojarían ahí, en uno de esos cuartos. Antes de que pudiera negarme, se habría una puerta y unas manos me conducían colocaban reclinaban hasta quedar en esa posición. Me desvanecí. Estaba en un tiradero de basura enorme, como un agujero mina profundo repleto de desperdicios y gente en filas deprimida caminando macilenta. Un ser pequeñito energúmeno engreído y enojado, salió, gritaba, refunfuñaba, tenía sandalias de plástico que arrojaba hacia todos lados, diciendo que todo ese material estaba mal hecho, el producto defectuoso lo arrojaba, reprendía a todos. Despotricaba, vociferaba, aventaba sandalias plásticas por doquier, todos ponían atención sin chistar. Me comencé a entristecer, lloré, yo no quería estar ahí. En una cadena de producción. Una resbaladilla me condujo aprisa, caía, por un agujero, de un ducto salió el ojo de mi mejor amiga. Preguntó, ¿estás ahí? Pondré mi boca y te arrojarás dentro para sacarte de ahí. Fui deglutido. Entré a un espacio sideral negro con iridiscencias moradas violetas y galaxias regadas, comencé a flotar entre plumas en una sensación suave. Un amasijo de cabezas con brazos y piernas deformes se me acercó flotando, eran licenciados, burócratas, ejecutivos, aberrante y grotesco, era un monstruo de mil cabezas con pedazos de trajes con pedazos de cuerpos y cabezas, farfullaba desde cada garganta, comenzaron a manosearme en el sexo, agarraban mis tetas con descaro. Se acercaban, me metían las manos en la vulva o entre las nalgas, con violencia y fuerza me sujetaban, de manera que no pudiera zafarme de sus diez mil manos, sentía asco e impotencia del ultraje, una de las caras, la directora del amasijo, con dientes filosos se me acercó: así es como sienten las mujeres en el subterráneo tren. Me desperté adolorido y atemorizado, como si todo hubiese ocurrido de verdad en mi cuerpo andrógino del sueño. El diablo quiere a sus hijos, alcancé a oír, despierto en mi inconsciente.

laberinto 1-1
01 Laberinto 1-1



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