La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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02



Al despertar lo estaban velando. Sus ojos estaban abiertos a esa hora, fue la consciencia de ver, oír, de oler, mas no poder mover ni un milímetro su cuerpo. Hablaban a su alrededor, de cómo vivió, anécdotas, tribulaciones, trivialidades, viejas historias en voz de los otros. Era insoportable la estupefacción de no poder decir ni replicar ni contradecir nada, eh no, no he muerto, estoy aquí, oigan, no me cremen, no me entierren, no lloren, sigo aquí, vivo, se notaba que no respiraba, ni nada, era su alma que vagaba dentro del cuerpo que miraba al techo. La energía lo había abandonado, pero aún seguía empaquetado en el trance de reconocer a su alrededor todo, las caras que se asomaban al féretro, las palabras, los llantos, sin dolor ni asfixia, sin angustia, calma, una aplastante calma.

Dicen de un viejo que estando en su pequeña cabaña, un día al clarear el sol, quedó aterido a su cama. Ni un movimiento animaba su cuerpo. Sus hijas lo encontraron, yacía yerto semidesnudo. No respiraba, estaba muerto, dijeron. Cuando lo velaban, dijeron, aturdió  a los que le rodeaban porque de sus ojos brotaban lágrimas. Seguía, según dijeron, muerto.

Tanto quiere el diablo a su hijo, hasta que le saca un ojo.

Un hombre llega a una habitación, baja la maleta que trae, al piso. La abre. Saca de ahí toda clase de funestos, trágicos hechos. Inenarrables sucesos. Bocas abiertas y horrorizadas. Viejitas se crispan. Hay quien no soporta que le truenen los dedos, cuando le truenan los dedos. Enseguida se pone en guardia. Aquella noche para nada particular, en el que la felicidad no dependía de nada. De nada en lo absoluto. Y la señora Macmanniman volteó a ver al señor Mcmanniman con un insoslayable reproche. Ese año, en especial ese año, se había temido que los corazones de las personas se pudrieran antes de tiempo. Antes de lo previsto. Naturalmente, no había sido de ese modo, de esa manera. Los corazones se pudrirían a tiempo ese año, no había nada que temer. Con inescrutable perfección los relojes habían sido ajustados para que ese año no fallara, la certera, la casi malicia con la que se había previsto TODO. Eso sí, este año tampoco sería oído, el inaudito grito de los poetas. Sucede cada 56 años. Ese año no tocaba oírlo.

Cuerpos devueltos a la vida mediante una máquina subatómica que recompone todos los sistemas en una regeneración de células y tejidos hasta reactivar su mayor eficiencia. La restauración de cadáveres, la reanudación del deshecho humano. Una máquina para eternizar los cuerpos útiles, volverlos violentamente inmortales, funcionales. Lejos de la decrepitud y el vicio que los corrompería. Cerca de la trituración cósmica, tan cerca.

A los animales les fue dado garras prestas dientes filosos alas ligeras pieles gruesas ojos lejanos olfatos agudos sensibilidades fieras. A los seres humanos una bolsa de plástico para conservar en formol los 1.4 -1.6- kg de masa encefálica. Ir y volver al súper mercado con la bolsa escurriendo. Ah, y todas las demás aptitudes con las que descuartizan desmembran trozan machacan trituran por centuplicado a todos los otros animales, incluidos los de su propia especie. Una metáfora no muy alejada de la realidad.

laberinto 1-2
03 Laberinto 1-2



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