La roca del tiempo

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Colección de apuntes sobre arte V

Nada y un poco de algo más

Narraciones inverosímiles.


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Los pintores, lo escritores, los creadores, que no sólo los intérpretes, se retroalimentan, se reflejan, se influencian, hacen correspondencias, en fin, dialogan entre sí a través de las épocas, de los escenarios, de los textos. Nada sale de la nada, quizá sea uno de los secretos. Estar hechos de referencias, de orígenes truncados, inconexos, y a pesar de ello, siempre es otra cosa lo que obtienen, lo que resuelven, en lo que desemboca cada creador en particular. Por decirlo así no hay copias, sino reinterpretaciones y nuevas derivas, otros tiempos, otras configuraciones, contestaciones, desviaciones: constelaciones. Los tiempos simulan convertirse y cambiar. El origen es lo que nos está vedado. Fuimos creados en una escena que ignoramos, que quedará velada por siempre a nuestros ojos. Lo que me he resuelto a hacer en esta página es develar, un tema que se presenta en constante y ahora en nuestro tiempo bajo otros tabúes vuelve a surgir. Aspiraciones a otro tipo de libertades. Concepciones que emergen precipitadamente, buscando una conformación, una salida, un entreverado silencio y relato. Existen historias alrededor, historias afortunadas, historias fracasadas, historias que abundan en detalles, historias que se cortan. Y si bien creo, es un momento en el que se encuentra en su apogeo, en un momento álgido de la contienda el hablar sobre el sexo. No como un logos, no como algo sabido o que se pueda estudiar. Ningún punto de vista jamás colmará ninguna totalidad de nada. Son sólo historias que pasan. El sexo con sus prohibiciones, sus inhibiciones, sus disimulos, sus coartadas, sus rincones, sus experiencias. El abrazo del hombre con la mujer, de la especie consumiéndose en la voluptuosidad, en el placer, desbaratándose, derribándose, destruyéndose y creándose. Es un tiempo de romper descarnado, tal vez, son unos instantes en los que se empiezan a dejar las orillas del miedo, el terror. Para ello existen distintas medidas o remedios, de los cuales ninguna realmente podrá salvar el abismo en que nos hunde la agonía del placer. Hace unos años planeé o fantaseé acerca de un sarcasmo sobre lo que denominé la pintura documental. Era una broma sutil acerca del formato de documental. La fotografía que se le ha asignado un carácter de verdad, de documento fiel de la realidad. Pero, ¿Qué es la realidad, acaso la podemos nombrar, asegurar nuestras aseveraciones? Todo documento siempre tiene un atrás de sí, un creador que la manipula y que entreteje este carácter. Que crea con un filtro, cuando menos el de su mirada, esa sospecha de lo que es el mundo. Ese simulacro que dota al documento fotográfico de verosimilitud con respecto a lo real, que da patente mimética, que imita y copia impuramente la realidad, su presencia, su tiempo y espacio. Sólo basta decir que mis propósitos son los de hacer una ironía, una parodia de lo ficticio de representar, de hacer ver lo que queremos que se vea. Parrasio es un pintor de la antigüedad griega. De sus pinturas tal cual poco se conserva. Lo que se conserva son escritos de poetas y de filósofos al respecto. Parrasio inventó la pornografía. Y se dice que Tiberio, el segundo emperador romano tenía una colección de pinturas en un salón, que rentaba jóvenes que se prostituían para que escenificaran y provocaran su fascinación. El emperador se mecía entonces en un espacio destinado a esos juegos, a esas sátiras. En la antigüedad griega y romana se tenían otras concepciones acerca de los encuentros, sus comportamientos, lo lícito, lo prohibido. Esto no es exclusivo de estas culturas, el culto a la fertilidad, a los ritos de fecundidad, y otros asuntos relacionados con el sexo abundan. Me voy a acotar a ellos, porque de ahí es de donde vengo investigando. De occidente en sus prácticas y sus actualidades. Los romanos, poseían una serie de ritos, de liturgias alrededor de la naturaleza. En ellos había una suerte de costumbres delimitadas que marcaban sus reglas morales, en torno a la veneración que hacían de la escena amorosa. El phallós en grecia y fascinus en roma, era una deidad, una efigie a la que le concernían ciertos atributos, de vida, de creación, de origen. Todos somos creados a partir del encuentro de un chorro de esperma en el encuentro con un óvulo como sol. Somos el reflejo de nuestros padres, de su encuentro en una escena por siempre velada para nosotros, de un espejo eclipsado. Nuestro origen es indiscernible. Se pierde. La naturaleza es reflejo de estas fuerzas, de su salvajismo, una ola de mar es esperma derramado sobre la orilla para los romanos, la luna blanca que hace crecer las mareas, su poder que emana para que la potencia se manifieste. Las flores y sus estaciones, las danzas de los insectos, los cortejos de las aves, todo remite a esta fuerza creadora, a este juego de la naturaleza por procrearse, por diseminarse. El fascinus, es aquello que hace desear y a la vez aterra. La mirada entre los sexos, hace y crea una atracción repulsión. Un encuentro que aterra y deleita. Un desconcierto en medio de la marea, de su empuje, de su embate. Es el coraje y la ternura puesta en un lugar, el deseo que explota, que fascina…

…serie de diminutas escenas que se entremezclan… la palabra lupanar que viene de lupus-lobos en latín, como se designaban a los burdeles…

…en su vientre un rostro ininteligible como la diosa Bauba que provoca tanto risa como horror, la imagen está cortada desde el torso, en su vientre estará este rostro y semejara a las dos bocas, de este ser que son la boca horizontal de su rostro y la boca de la vulva que engendra. El caso de Courbet es singular, dado que se inscribe como un reto para su época y deja girando elucubraciones de todo tipo a lo largo de todas los tiempos venideros. Por un lado la intriga de la mujer cuya identidad no se supo por mucho tiempo, y de cuya identidad no se tienen mas que suposiciones. Después el escándalo que preconizó al ser una imagen que retaba las religiones del mundo, sus reglas, sus mitos, sus construcciones. Una rebeldía de representación, un desafío ante lo evidente que queda incierto, que es oculto, indiscernible. Dota al sujeto de su existencia, venido de un útero inigualable, singular, que no se puede medir en su extensión pero que tampoco es ninguna clase de origen anterior al sujeto. Existo y luego lo que viene, el mundo se ha creado a semejanza de mi nacimiento, único, singular, de mis reproducciones a conciencia, de mi negación a la reproducción que busca el usufructo de los hombres. De la no repetición más allá de la carne, sustentando la vida doblegándose a la muerte. Un embate furioso, de coraje, de fuerza para la vida.

Me encanta escribir de una manera en que crean que me podrán seguir.

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