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entonces viene él a colgarse de una frase cualquiera, y se columpia con ella, como se columpia una niña. viene él y se cuelga de una frase así, utiliza esa frase como una cuerda porque en él todo son nudos de marinero o ganadero. hace un nudo de corbata como todos los días y se cuelga de un árbol muy alto desde donde lo ve todo. se balancea en una amistad con el viento. (escribo esto mientras pedaleo la bicicleta, la imagen que tengo es un manojo de revolucionarios de 1910 meciéndose como se mece una cuna de bebé, lloro sin saber porqué).
tú sabes que sostener una eternidad es de lo más difícil ni un filosofo ni profeta o predicador lo hace, un poeta lo atenta y es desbaratado por... esa singularidad. en el esquema de la víctima siempre está lo que se le hace a la víctima, la víctima se pronuncia sobre ello. no en lo que ejecuta, lo que hace y en lo que coopera para su defenestación. no. en lo que le cometen sólo y exclusivamente a él/ella. todos tenemos problemas. conozco poca gente en la despreocupación feliz. el problema es cuando se pronuncia el problema. es una protuberancia como lengua que sale del mar cuando baja la marea y se hace notar. sobresale del horizonte. ese es el problema. esa notoriedad. el diseño museístico cumple milimétricamente con el propósito de engaño institucional democrático y responsable. y con la labor social de incautar los bienes y valores máximos de una sociedad supeditada a asentir esa orden que se le impone desde la democracia (mentira y circo)… ese aparato por fuera siempre ha sido y será pro imperialista y por dentro la disneylandia del amor... con sus quejas domésticas pequeñoburguesas y sus insatisfacciones que le son propias, enfermizas insatisfacciones. esa gente ha de juzgar que la vida de los otros, o por lo menos de algunos, es fácil. por sencilla o banal que sea, no hay vida humana fácil que se deshaga en lo fácil. todos deseamos morir en el extremo de nuestros deseos. casi cada vida sabe o intuye que morirá, su tiempo finito, una existencia limitada y perecedera. ve el horizonte y patalea. hasta el más leve angustiado busca la trascendencia en el cielo, en la amplitud del cielo. hasta la más leve brizna de hierba tiembla en el otoño.
¿no han visto todas esas pinturas con sus figuras en orden o que pretenden no tenerlo? no existe desorden que no sea ordenado. este homínido eso hizo desde su terror, desde su espanto a existir y perecer, en cada momento de horror a morir, desaparecer. hasta lo intencionalmente desordenado tiene orden. no hay expresión humana que se escape a las ordenes de la razón conocimiento creencia, a un supuesto saber costumbre o tradición, al conocimiento proporcionado por la angustia, a suspenderse y extraerse de lo natural. a esta decrepitud decadente que insiste en no perder pie. en hacerse de un mapa, dirigirse en la ansiedad de la nada. a ser consecuente hasta para observar sus pies, cuando lo que exige el objeto es que no proyecten sobre él el misterio de cada quien, que es imposible. cada objeto no es sino otro misterio insondable. es decir, a condenarse y hundirse a cada paso que da. más y más adentro, sin piedad, se martiriza, se autoflagela para ver si halla la señal de paz que al fin lo mate. que hermosa la muerte extensa que pequeñez esto que ya ardió hace tanto tiempo. sí, sí, la civilización son relojes precisos, hormigueantes, senderos procesiones de cantos y locura. velas y oscuridad, apenas luciernagas.
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