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La locura de que lo que no es de primera mano es... lo que no pasó por mi propia experiencia, aquello que no viví que no vivo, es menos real, menos válido, menos verdadero. La fe en que lo que vivo es lo máximo, de que mis concepciones aisladas en mi tiempo son lo máximo, son la vía y posesión de una suerte de carácter divino, no es más que otra invención, un mito, una fantasía que el megalómano va a exaltar para posicionarse por sobre los otros entes sociales en un ritmo circundante de tambores y aullidos de ver quien posee dicha verdad. El poder de la demencia. Estaríamos hablando de un ser que no se da ni cuenta que está compuesto de las letras del abecedario de su tiempo. Del lenguaje etéreo de su tiempo. De sus pocas o demasiadas lecturas. Y que vuelve a tener fe, que lo que es él volverá a ser en otro, que se repetirá. La ilusión de que es patrón y medida, que repercutirá en la realidad. La obnubilación de esa fe es real, el ciego natal no sabe de qué color son los lo colores y balbucea el rojo el azul el amarillo. Pero no ahorra en asegurar de que ve los colores, en describirle a los otros lo que ve, cómo lo ve, y para qué sirve lo que ve. Cautivos de una dimensión desconocida dentro de lo que se supone conocen nos llevan de la mano a ese paseo delirante. ¿En esos paseos delirantes de todos los días en el relato de otro que hace que ese relato se convierta en mi realidad? El absolutismo de la Historia o de lo que se piensa imagina dilucida que es la Historia. En la Historia, nadie tuvo gripa, o una jaqueca, al parecer nadie cagaba ni meaba, no odiaban a nadie. La Historia semeja esos bordados de macramé hechos por las abuelas, tardes cuasi perfectas de armonía y cursilería unidas para adoctrinar nuestro futuro. Es decir, en el retrato familiar todos salen comportándose, objetivos, reales, francos. Nadie es un fraude dentro del retrato familiar, no se diga en lo social, tan coherentes tan sensatos tan buen ejemplo. Tan llenos de sentido como un macramé.
Amanezco escucho una mesa redonda de gallinas cacarear en torno a la crítica política. Me es curioso que la crítica asevere saber como hacerlo mejor y no haga absolutamente nada más que cacarear en torno a una mesa sobre cómo sería mejor. Saben más que los autores y lo curioso es que no se consagren como autores de lo que critican. Qué difícil es lidiar con quien sólo tienen un no por respuesta por tener un no por respuesta. En el supuesto de que tuviese algo más para decir o hacer. Algo más que un no. J. L. entró a una exposición en la que trepa una escalera improvisada puesta en medio de la galería, sube por ella, toma una lupa de aumento que está suspendida de un hilo, la acerca a un lugar recóndito y alejado de todos, la palabra que lee es: Sí. Se enamora de Y. O. y por supuesto que es un impulso enorme que nadie comprenderá.
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