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sin unidad, disgregado, vasto, no comprendieron que no podrían ver todo, que no podrán ver todo de mí, ni de nada. los uniformes marchan exteriormente ecuánimes, obedientes, a ritmos constantes, iguales. los uniformes, los uniformes. ¿dónde están los uniformes? los artistas justificando su existencia… buscando derechos a rastras, que no son criminales, que son servidores, que son trabajadores, a rastras. sí soy sí sí, dime que sí soy.
la era de la industria puso a las artes visuales en entredicho, cada vez más relegada, cada vez más exterior, cada vez más al margen. la contemplativa se convierte en actividad de provecho. ¿técnica, o economía o medio de producción? ¿qué la definiría? ¿en qué marco debería o podría acontecer para que fuese posible? ¿son sólidos sus límites? ¿se tiene que justificar su existencia al infinito bajo los parámetros del capitalismo a mansalva y rector? si en un principio inmemorial era de inadaptados damnificados, esos escuálidos mendigos harapientos, dedicados a una vida poética, contemplativa que se jactaba de una haraganería sin par, la industria le fue cerrando el paso, las empresas del éxito económico envidiar las altas cimas de los pocos ídolos momentáneos. a la vez que reglamentando su nicho dentro de la modernidad, se les fue relegando a una supra-estructura “espiritual”, el neoconceptualismo regenteando bajo su poder intelectual, la burocracia de los funcionales. en una sociedad cada vez más acelerada, que no necesita esos perfumes, esos aromas o sonidos delicados, que necesita cada vez más el elemento que lo catapulte a decir, es cierto, estoy vivo, mi vida está intensificada en extremo, mi experiencia es valiosa, cuando en realidad, seamos sinceros, ni lo es. la industria del entretenimiento se ha sofisticado, ni siquiera requiere de acotar el discurso ideológico con tendencias en las que los públicos se identifiquen, sólo con cumplir en el discurso y hacer lo conveniente bastará porque no hay tiempo para otra cosa que para ver y proseguir en la inercia de la inopia. bastará con cumplir unos cuantos deseos frustrados por la realidad. una cultura hecha de sucedáneos, de espejismos, de falsas expectativas, de pensamientos congruentes, sonrisas plausibles.
cuatro puntos cardinales, vivo fuera de todos ellos. en el bosque, al interior de la voz, fuera del poblado. me definiría como un sencillo extravagante de la llanura. abocado al polvo. a los dibujos del polvo. o a pasar mis dedos por los muebles del polvo para hacer dibujos en casas abandonadas, vidas lejanas, muertes intactas.
¿el tiempo se consume? ¿el tiempo se va? ¿caduca? ¿se extingue? El inmenso dibujo sobre el piso de la sala de un templo, concéntrico y minucioso, hecho con pigmentos coloridos de las flores por un budista. Borrado por el ala de un ave, impermanente.
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