REGRESAR
SIGUIENTE
De las pocas cosas que me he dado cuenta como artista, pocas. Cosas y casos puntuales, es el de la materia que se requiere a perpetuidad, o sus intenciones últimas son las de sobrevivir, incluso en el arte efímero existe esa posibilidad de ser reproducida la obra de arte. El deseo de no morir. Por un lado no hay arte que se desee perder, y por el otro esa permanencia, ese vestigio, de museo de ciencias naturales, hecho de paradigmas controversiales, como una suerte de superación de la muerte… Porque, ¿Qué no hay más aterrador que saber que uno se morirá? En la noche, en la soledad, aparece relampageante, la no percepción, la no existencia. Las excusas son, la perpetuación del duelo en la consternación y aliciente de un consuelo del tipo que sea, la trascendencia. La confianza en que estaré ahí, bajo cualquier impedimento de la imposibilidad, estaré ahí, conmocionado grito. El tiempo demuestra que no es así. Como si los amplios ejemplos de la historia no demostraran lo contrario. La historia es un cúmulo ínfimo desmoronándose en el tiempo relativo, en la proporción de la eternidad no somos nada, ni pluma. Una y otra vez el revestimiento de la historia, deteriora los cimientos, vienen los bríos de la juventud a trastornar y derrocar al pasado. Sí, el mundo es un hospital cuyos enfermos sólo desean la cama del enfermo de al lado. Y la historia no estará de mi lado. ¿Quién me creería de ser así? La historia es la gran sepultadora. Trabaja incesante en los cementerios. De lo poco que me he dado cuenta es que no hago una pieza estática descomunal y en cada determinado tiempo, es decir, no pongo un huevo enorme de avestruz cada tanto, para sacar mi orgullosa cabeza. No puedo. Vivo diario. En el agua.
Sionismo, término más exacto, para los amantes de la presición que precisan de un dato con exactitud, como lo es el mundo y lo deja patente en cada instante, un ambiente exacto, una escena exacta, decisiones tomadas con una calculada precisión impresionante. (No vayamos a caer en dudas banales). Datos precisos, para personas perfectas.
La imagen de un suicida. ¿Dónde la vi? El suicida destruye un reloj, a la hora en que se acaba su tiempo. Antes de nacer el mundo ya era. Al irme, el mundo será, sucederá. Quien pretenda cambiar a alguien o algo, no es mas que el reflejo de una triste impotencia encarnada, el deseo de ser más que lo que se es. Camino por la calle, cada rostro sumergido en creer en su vida, en la ficción de su vida, en el sueño de su vida, en el conocido desconocimiento de su vida. Tan seguros de sí mismos, de los otros. De la vida literal. No me provocan sino escalofríos.
REGRESAR
SIGUIENTE