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Los objetos caros o lujosos, los bellos, no lo son tanto por lo que sólo son en sí, sino por la amplia gama de lo que se puede decir acerca del objeto. No es un misterio que el relato sea la cuestión, el entendimiento de un orden u armonía o significación lo revalora frente al que se ve transformado por la mirada puesta en el objeto, se ve suspendido, incluso sin saberlo. Se crea el ensueño. Lo que se valora, como campanadas de un anuncio irremisible, son las mutaciones que el objeto suscita. La mayoría comete un acto transparente y se entrega al placer de creer que se lo cogen con la divina verdad.
Espero haber dejado en claro con estos libros que no se pueden meter en mí y apoderarse de mí. Le dije a un enano que me mira desde el sillón, escondido.
A veces me confundo creyendo que hay un mundo paralelo, en el que los animales que a la orilla del mar aparecen muertos son almas de humanos muertos al mismo tiempo. Son sacrificios modernos de humanos, mismos a los que nada, les dice nada. Los humanos que acribillan a otros humanos con sus acciones aparecen para conmover las pocas fibras que pueden aún estar vivas en los humanos casi por completo grises. El pez con la boca abierta y los ojos perdidos a la orilla del mar, la tortuga despedazada sangrienta, la ballena seca inmóvil yerta.
Los cachorros juegan a arrebatarse un trapo como si fuese una presa. Se revuelcan y riñen. La humanidad en su conjunto es esa jauría desesperada arrebatándose la idea de un trapo.
Trastornar en transgresiones nimias e insulsas, infraleves, las estatuas de bronce que se resquebrajan cada vez que se les mueve milímetros. Esas estatuas cuyas formas flotarán en el espacio sideral sin ningún sentido ni forma real, moléculas al infinito, partículas sub atómicas de otros tiempos lejanos. Un amasijo abstracto de este planeta, un orden cuyo sentido es ignorado por las estrellas. Que aún titilan.
¿Empezaría por relatar la aventura de mi vida? ¿Una vida que cada vez se desea arrojar a una tragedia contundente e irreversible? ¿Cuando en realidad es una comedia constante satirizada, una ironía sin remordimientos para los otros y para conmigo mismo?
Lo más seguro es que sea mi problema por haberlos confrontado sin vergüenza. No los culpo de proteger y defender el feudalismo conceptual de sus amos, es lógico que yo no pude entrar al castillo con mis modos ambiguos y nada caritativos, cuando los artistas en realidad tratan los temas de sesgo, sin morder la mano que les da de comer o el plátano que les meten por el culo. No les culpo, a cada quien lo que le plazca. A cada chango su banana.
¿Qué me pasa con la muerte de los otros? Me molesta extrañarlos. Me molesta que se hayan vuelto extranjeros de la vida, el destierro, el exilio. Me molesta todo el tiempo que no vamos a estar, me molesta la ininterrumpida eternidad. Me molesta haber sido. Me molesta el tiempo que creían ganar en no sé qué empresas, estúpidas empresas. si uno lo observa con detenimiento, los artistas no han podido ni pueden dejar de hablar de sistemas. están acorralados como ratones de laboratorio.
El amigo de una mosca. Sí, era su amigo, venía daba vueltas, se quedaba por ahí, era placentera su presencia, no puedo decir que no lo era. Para él su presencia no era molesta ni indispensable, era como la música de fondo. Se podía decir que era una burla ser amigo de tal ser, más tampoco había que darle tanta relevancia, tal importancia vergonzante, tanto rubor en la piel. Podía o no podía estar con aquella mosca. Vil inmundicia, ser aborrecible desde tiempos antes del tiempo, antes de cualquier concepto o razón de ser. La impudicia de su presencia, su soez zumbido, nada estorba y a la vez, tan innecesaria. Tan señalando que algo no cuadra. Ah su compañera, vivaz y traicionera, la mosca. La mosca que con ese gesto suyo, parece que algo planea, algo trama, algo saborea.
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