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Escritos marginales, textos apócrifos de la biblia. Ej. Al principio el creador realizó a adán y lilith para que se acompañaran en el paraíso. En ecuánime proporción, e igualitaria cantidad cualitativa de virtud. Ambos imagen reciproca semejanza de habilidades e importancia. Paseaban por la maravilla de la creación y su sombra copulaba entre los confines con soltura y desenfado. lilith no sólo deseaba la tradicional misión de procrear. Montaba a adán como se galopa una bestia que brama, o se rebajaba a las posiciones animales al amar, perra, zorra, loba, aullaba. adán exhausto, fatigado, melancólico, sufría el paraíso, padecía el paraíso. lilith gozaba sin freno, adán se arrastraba exangüe y agotado. adán solícito, convocó al creador expulsase a lilith, la acusó de desenfrenada lascivia. lilith fue desterrada al mar rojo. Fornicaba allá día y noche con los demonios en una fiesta sin fin. Hijares daba su goce, bebés gateaban desde su lecho, crías infatigables, traviesas, aguzadas. adán a lo lejos observó con envidia aquel aquelarre, esa orgía de fornicio, perdición y algarabía sin mañana. Solícito, pidió al creador compañía, había probado la compañía de los animales y no le congeniaban del todo. El creador, encomendó a tres ángeles ir a pedir a lilith regresara al lado de adán. Fueron los ángeles a realizar el encargo y lilith se negó regresar a la aburrida mansedumbre del paraíso. El creador, molesto del desacato, envió a los tres ángeles exterminar la progenie de lilith, los hijos de lilith yertos fueron acribillados pintando de rojo el mar y el horizonte crepuscular. lilith desde entonces delirante y desgraciada, con llantos se venga de la ira del creador, asaltando las cunas, asfixiando con muerte de cuna a las criaturas terrestres. Así, dicta la costumbre terrestre de los creyentes, colocar tres luminarias pequeñas al pie de la cuna para que los guardianes celestiales ahuyenten la sed de lilith. El creador, se compadeció de adán, le quitó una costilla e hizo una mujer dócil, menor a él, calmada, solícita. Disfrutaban ambos del paraíso cuando la serpiente los tentó con la carne del fruto prohibido. Sucumbieron al deseo de morder el pecado carnal, y con ello el creador decepcionado, bajó y los castigó, con lo que sabemos apaciguó su ira. - Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, tú parirás con el dolor de tu vientre y desearás al hombre, mas él te dominará. - El árbol del conocimiento es el poder del saber. El saber absoluto sería la inmortalidad sin angustia ni esperanza. En ese instante, la mujer es la que dice, deseo saber, dadme la manzana del saber.
Crisis. En la revolución francesa entran los revolucionarios al burdel, la madame les dice; A quien sea que busquen, aquí somos como ustedes desde el principio del tiempo, aquí todos se quitan la ropa y son iguales, desnudos todos son iguales. Aquí no sabemos quién es quién, ricos o pobres, el cura el noble el campesino, son irreconocibles al desnudarse, aquí todos desnudos, son todos iguales.
Una mujer no puede dar por entero lo que un hombre desea. Un hombre a su vez, menos. En japón, los hombres acostumbran llevar un regalo una o dos veces al mes a su mujer, cada vez que visitan la casa de citas, con las geishas dedicadas a tocar cada fibra emocional, la bebida cuya embriaguez saca de la monotonía del hacer, la música que desborda el ser y el deleite de la noche que es tan profunda como estrellas incontables lo son.
El sudor a placer de una prostituta le hace pagar las deudas, lo que debería si no lo pagara. El sudor constante de un obrero que debe hacer, paga con sus penas el sudor de una mujer que a placer paga a libertad sus deudas, ella ahí en la cama nada debe. No tenía que levantarse a preparar un café para sus hermanos, o a planchar la vieja camisa del viejo. Había decidido cobrar por lo que otros habrían podido tomar gratis. Las penas son gozadas hasta convertirse en dichas y lágrimas. Un cigarro de noche en que cae la ceniza, el humo se esparce y escapa azulado para no volver. Así la vida particular que un obrero puede vivir en un centelleo. Pagar el no poder hacer del placer un deber, pagar con penas el placer que no es un deber, qué rabia. Sudor del trabajo una materia traslúcida y prístina, brilla sobre su espalda como una diamantina cascada. Y en la frente de un obrero se piensa la calma de una cama húmeda a la deriva, un naufragio en lo que llega el día, como si mañana nunca fuese a llegar. ¿En qué bolsillo caben unas cuantas monedas ganadas a placer por el deber de unas penas consabidas? De la triste llama del placer y la vida que se esfuma.
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