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Está la cuestión del doble filo. Si, de ser, que tu obra conjunto de piezas u cuerpo de trabajo entran en lo oficialmente incorrecto, en la subversión protegida por el muro del estado, por los guardias del museo, por la cristalería transparente que deja ver el interior de las fundamentadas instituciones propuestas por los expertos, los especialistas haciendo listas, bajo las nomenclaturas pertinentes lógicas consecuentes, en los continentes establecidos o por establecerse, y dejas atrás la intersubjetividad de no poder ser así en cualquier circunstancia situación o condiciones. Podríamos no estar, ¿Acaso jugando el doble filo de servidores de lo que propiamente se supone que atacamos? Marionetas rebeldes buscando un nicho en las clases sociales opresoras? Siendo cómplices, y no sólo eso, los propios ejecutores, digámoslo así, miembros del partido. Como artistas recogemos los escombros, los huesos, las cenizas, los testimonios de sangre derramada y les colocamos el membrete de inauguración restitución de dicha cultura propagada, certificada, registrada, constatada, archivada, coleccionada, deglutida y vuelta a servir a un público ciego sordo mudo. Casi un bulto insensible creado por esa misma cultura de la sobreabundancia de terrores a los que acostumbra exponerse, vanagloria, tipifica, y de los cuales se instrumenta para castigar a los que no quieran entrar en los bonitos, famosos, aceptados cubos llamados recintos de la así llamada cultura. Cubos de nociones invisibles, para imbéciles. A quien no se adapte, le tenemos una cajuela. No se corre el riesgo no sólo de convertirse en el propio verdugo de la que se supone, la población a la que instruyo, sino inclusive, de ser verdugo en un juego macabro, en el vals terrorífico del estado y sus instrumentos de tortura, de ser, víctima propiciatoria, de más víctimas. Sin afectaciones, los afectados de uno y otro lado, afectados por ser esto o lo otro, nunca reconocidos, nunca preguntados, nunca vistos, borrados, invisibles antes de ser lo que sea que fuesen. Utilizados para esta u otra causa. Una víctima ejecutando víctimas, la molicie de una carnicería propagandística. Puesta ahí, en ese lugar de supuesto privilegio, adimirado venerado respetado, inutilizando y deteniendo flujos continuos y reales. Cuando el único privilegio, es la aparente verdad de que no morirá, la aparente verdad de que se posee una verdad, o cuando menos no morirá tan pronto o en aras de un “mal” propósito, como los otros, los otros sí mueren sin propósito, son los que mueren por sus exigencias exiguas. Así la cuestión emblemática de los escudos tejidos y entretejidos, por una clase, que se cree ausente o exenta o en omisión de sus responsabilidades frente a su propia vorágine, copartícipe natural, enmascarada y engañosa. Si nadie le pidió entrar ahí, a querer ser santo y seña. Simuladores de realidad utópica, de esperanza. La vida son dos cuadras, no mientan más.
Las personas como yo, le damos miedo a las personas que creen que dan miedo.
De lo que no se puede hablar mejor callar. W.
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