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a las mujeres las molestan con que tienen que ser hermosas. a los hombres no, a los hombres es otra la exigencia, deben de tener el dinero suficiente para comprar todo, incluso poder comprarlas a ellas, mientras más mejor.
el siglo xx creó un intelectual refinado, un señor de las letras proverbiales, extensivo en lo público. de famas entrevistas foto-reportajes televisivo incluido en la agenda política con la palabra subyugante en un partido de ping pong oblicuo. ayudante o detractor, delator o adulador, combatiente a fin de cuentas. el surgimiento de los gurus letrados tiene poco más de medio siglo, con los medios electrónicos para unos fines irredentos, con la señal re-transmitida que rebota en cada cráneo consciente-inconsciente prisión de conceptos y leyes de mercado. la construcción de la efigie nariz de todos, el portento irrevocable, el pensador salvador, el todo moldes y modelos, para que todos sean uniformes de represión entre los unos y los otros, para que todos se ajusten las cuentas, en la calle en sus casas. ahora se conduce cada cual a imagen y semejanza de esas idolatrías (baratas y caras en el mercado ideológico), cada quien es estrella y fanático, huésped y parásito. Yo soy un hostal de haraganes blasfemantes, el bastardo letrado.
¿estructura? ¿dónde está la estructura? tráiganme la estructura... es necesaria la estructura, pónganla por allá donde todos la puedan ver. ¿verdad que es una bella y magnífica estructura? cromada. no sé qué haríamos sin ella. le acabo de limpiar las entrañas. este año, esta estructura informe y maleable, adaptable, recibirá un homenaje de homenajes.
Para mí los sueños en sí ya son una realización. Son una experiencia estética, inenarrables a exactitud, inexpresables tal cual, incomunicables a que sean interpretados en un encaje preciso, intransferibles porque no hay dos humanos iguales. Ese pintor, dudo que haya siquiera transferido el 2% o 3% de sueño real que vivió en el interior de un universo casi vedado para la mirada ajena. Todos sueñan. Para mí los sueños son más importantes que eso que suelen llamar lo real que es lejano en realidad.
los astronautas rusos suben a la base espacial MIR. cada uno super estructurado mentalmente por la ciencia y el conocimiento, por los datos duros, por su experiencia y entrenamiento. suben con una tecnología de finales de los 70’s, la imagen es como de un papel aluminio flotando en la noche negra del espacio. una basura galáctica. allá arriba pasan delirantes tiempos en los que se convierten en niños que flotan. en el documental los muestran haciendo boberías y juegos, se divierten a pesar de estar fuera de la tierra o no a pesar, quizá sea el delirio de ver que se está afuera o no sé y eso impulsa a descreer lo creído. su super estructura cognoscitiva se les derrite fuera de la atmósfera. la mirada al regresar es como la del místico que presenció el milagro de la vida o la existencia, una suerte de psicópata con ley y pruebas luminiscentes.
yo siempre le digo a mi cerebro: cerebro, condúcete por donde todos los seres normales siempre se conducen, ve por esa acera. y no me alces la voz, no me mires con esos ojos porque… y luego le digo: cerebro, responde lo que se te pregunta ¿qué no estás oyendo? te están preguntando, di lo que sabes decir cerebro. no me mires así, en la casa hablamos.
lo que las personas quieren es adorar un fiambre, (o una imagen en el caso de la industria chatarra que se sucede en la pantalla como un fantasma evanescente), una artista muerto, sin sus impertinencias, desvaríos, sin sus irreverencias, sus malestares, sin lo molesto que era limpiarle el ano cuando enfermó de política. en lo imaginario, ese artista no defeca. sin sus problemas, por dios qué asco me dan sus intestinos tan animales, tan humanos. sí, era el rey.
prejuicio tras prejuicio tras prejuicio, todos bien amarrados, urdidos firmes. el dulce recato siniestro, relato de esta trama anudada por prejuicios de prejuicios de prejuicios una malla arquitectónica de la cárcel del alma.
¿conocen los castillos de la alhambra? yo no, construyo uno a imagen de lo que imagino que sería ser ciego en la alhambra, tocando cada milímetro de una alhambra imaginaria.
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