REGRESAR
SIGUIENTE
Se dice, que, uno de mis antepasados en su tercera edad, cuando había alcanzado esa edad en la que se preguntó por qué no había nunca salido de su casa. Y en la que la ciudad de su niñez estaba transformada, sin saberlo más que por relatos, que había metro para ir a los cuatro puntos cardinales, decidió comprar una vez a la semana, dos billetes de metro y salir a ver eso que nunca vio a lo largo de una vida de encierro. Cada semana otro lugar, cada domingo solariego, caminar y ver lo que no había visto, los lugares pobres o ricos, descuidados de la mano de dios, o de las palabras elegantes de los periódicos acerca de la sociedad que decían esos diarios era así y no de otra forma. Salir al aire libre a ver y oír cómo se movían las ramas de los árboles con el viento. A ver cómo se movía lo que se moviera con su ritmo y con sus motivos desconocidos, con el misterio de esa vida intangible del no saber. Se aventuró durante tres años a recorrer cada estación. Iba y venía desde el amanecer hasta el anochecer. Deambulaba. Tres años. Volvió a su casa al cabo de tres años, para no volver a salir de ella. No habló nunca con nadie sobre lo que vio.
Lo que los otros pueden y deben pensar, decir, hacer, cómo actuar, conducir su moralidad, manejar su sexualidad, cómo debe de ser su vida íntima, las líneas de penetración latentes en cada momento, en cada palabra, invadiendo las casas, los dormitorios, la vida privada pública, los ejes y geometrías del poder y sus gestiones, del valor del trabajo dependiendo en su jerarquía epistemológica, bajo la mirada y vigilancia constante, el recelo a la vida de los otros, eso es la política. La investigación y espionaje, el control sobre los súbditos. Cuánta sal debe o debería llevar tu plato, cuántos mordiscos en las nalgas son prudentes y propiciatorios para una escena erótica, eso es la política. Si te puedes ayudar de sustancias para alcanzar el sueño ultraterreno, eso es la política. Metiéndose en cada rincón, elaborando planes para crear nuevos y más eficientes autómatas, perpetrando sus cuerpos con anuncios, frases, promesas, productividades, consumos. Atravesando los úteros con sus nociones del bien y el mal, sus ideas momentáneas, según se aproveche, sobre la reproducción y la utilidad, la propiedad sobre las mujeres, los acuerdos pactos compromisos contratos sociales entre las personas hablantes. La que guarda los testimonios e impunidades en sus pechos, los sobornos en sus bolsos. La que calumnia y corrompe, la que intimida con sus soldados y sus policías y leyes omnipresentes. Impone leyes para incumplirlas ella misma, aplasta comunidades, eso es la política. Creyéndose dueños y amos de los culos de las personas, de sus miembros eréctiles, de sus vaginas huecas, de sus caras, de sus identidades ficticiamente reales, de sus vergüenzas o de sus hazañas. Todo le sirve, la muy puerca nunca desperdicia nada. Sí sabe. Cuando me duermo, por las noches, no pueden entrar en mi sueño. Les está completamente vedado, me odian por eso, me odiarán por siempre por eso.
Soñé que iba con mi familia de vacaciones a remar en una canoa en el eje viaducto tlalpan. en la estación ermita nos deteníamos, el metro conectaba con un banco, lo robaban dos mujeres lesbianas (yo sabía que eran lesbianas) vestidas de traje formal de oficina negro, con peinados escolares, corbatín delgado negro. bajaban un larga escalinata con dos periódicos envolviendo lo que se robaban, como si cargaran bebés o un ramo de flores. todos les abrían paso en silencio, se abrieron las puertas del metro, se perdieron entre la multitud y sus risas. yo las veía desde el eje en perspectiva. salían de lo alto de una pirámide que era el banco, salían de su cúpula, los policías en la puerta tenían miedo de su alegría. cada quién tendrá su versión. no excluyo, que deseen defenderse del deseo de los otros, para imponer su versión. pasársela bien y decirme que su versión es la valiosa. esto está buenísimo. bendita ésta o bendito esto. me parece bien. se me hace que está bueno. todos esos calificativos de la gente ordinaria nunca me han dicho nada de nada. ¿bien para quién?
REGRESAR
SIGUIENTE