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Alguna vez me pregunté. ¿Y si todos los poetas en la ruleta de la reencarnación cayeron a putas, sucias, eróticas, amenazantes hechiceras?
Leí el discurso del método de Descartes. Y es maravilloso, porque parece que él lleva de la mano al discurso y no el discurso lo lleva de la mano a él. Una maravilla de relicario o relojero.
¡Ah! ¡Qué ajuste de tuercas, dijo, suspirando y estirándose de brazos mientras se echaba de espaldas sobre la hierba. Dijo nunca nadie.
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